Brands & The Power of Illusions.
Strategic Workshop.

Invitado especial: Juan Ordeix.
Mentalista consagrado en el Campeonato Mundial de Ilusionismo. Licenciado en Administración de Empresas de la UBA. Estudió negociación en la Universidad de Harvard.

“Nuestra grandeza reside en la suprema ilusión, pues es ahí donde somos creadores.”

El término ilusión tiene su origen en el latín illusio.
Según el diccionario de la Real Academia Española, es un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por el engaño de los sentidos. Vinculada a los sentidos, una ilusión es una distorsión
de la percepción. Si abordamos el fenómeno desde la losofía, en su escrito Sobre Verdad y Mentira en sentido extramoral, Nietzsche sostuvo que la fuente original del lenguaje y del conocimiento no está en la lógica sino en la imaginación.

En la capacidad radical e innovadora que tiene la mente humana de crear metáforas, enigmas y modelos. En este marco, mentir deja de ser algo que pertenezca a la moralidad y se convierte en “desviación consciente de la realidad que se encuentra
en el mito, el arte y la metáfora”. Mentir, en el terreno de la estética, es simplemente el estímulo consciente e intencional de la ilusión.
“El cerebro está entrenado para ver el mundo de una manera que le fue útil en el pasado.”

Beau Lotto, un neurocientíco fascinado con la percepción humana, investigador y creador de Lottolab Studio -el primer espacio abierto dedicado al estudio de la percepción- arma que no vemos el mundo real, solo vemos nuestra versión de ese mundo. La mayor parte de su investigación se enfoca en entender cómo y por qué vemos ilusiones.
Considera que las ilusiones son útiles como una herramienta de investigación porque nos cuentan cómo trabaja el cerebro. El cerebro está entrenado para ver el mundo de una manera que le fue útil en el pasado, construye lo conocido buscando patrones útiles y asociándolos con una información relevante del pasado para luego usar esa información y guiar el comportamiento.
Para Lotto, todo se trata de percepción: de cómo entendemos, de cómo “producimos sentido” según nuestro entorno y nuestra historia, como individuos, como grupo, como especie. La percepción es la clave y el primer paso para ser creativos es situarnos en un lugar nuevo, de incertidumbre. Arma que la creatividad es una habilidad que podemos aprender si logramos desaar las certezas que nuestro cerebro impone y que se alimentan de nuestro sistema educativo y corporativo. Ambos diseñados para encontrar el orden y así asegurar nuestra supervivencia eficiente.
El ilusionismo es un arte escénico que consiste en utilizar diversos medios para crear la ilusión de que ocurre algo imposible desde el punto de vista lógico. Un buen ilusionista es aquel que logra crear en la mente de los espectadores la sensación de haber visto algo único e increíble.

Un ilusionista tiene la capacidad de generar experiencias memorables, conseguir lo imposible, gracias a diferentes técnicas que permiten crear memorias en el público. Los principios de todo ilusionista son ¨creen en su magia¨y ¨no existe nada imposible¨. Crear una ilusión exige pararse en otro lugar para generarla. En esta oportunidad trabajamos junto a Juan Ordeix, uno de los mejores ilusionistas locales con reconocimiento internacional. Como profundo conocedor de las conexiones que realiza el cerebro, Juan lo desafía constantemente generando caminos diferentes que obligan necesariamente a encontrar nuevas respuestas.

En el proceso de construcción de una ilusión, el planteo de Juan comienza a partir de lo que quiere lograr, qué experiencia y qué ilusión desea generar para luego buscar los recursos necesarios y así llegar al objetivo.
Este workshop nos invitó a sentarnos sobre la incertidumbre. Sus ilusiones nos asombraron, divirtieron, inquietaron, sorprendieron y a la vez nos llamaron a reexionar sobre nuestra concepción del mundo y la forma que tiene el cerebro de interpretar y resolver los temas que se presentan.
Juan Ordeix nos llevó a recorrer un sinuoso camino de ilusiones que duró aproximadamente tres horas. Expresiones como: No lo puedo creer!!! Cómo fue? Cómo lo hizo? Cómo pude no darme cuenta? Cómo no lo vi? invadieron el espacio. En medio de esas expresiones, juntos pudimos recordar que estamos profundamente unidos en la búsqueda de certezas. Todo lo miramos con los cristales de lo familiar y conocido. Compartimos la cruzada por la búsqueda de la “verdad”. Sin embargo, esa misma necesidad de construir un “Mundo-Verdad” es la que al mismo tiempo nos aleja del asombro, la creatividad, la innovación, la adaptación al cambio y la compasión.

¿Qué es entonces la verdad? Para Nietzsche es “Un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorsmos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen jas, canónicas, obligatorias”.
Los grandes ilusionistas conocen en profundidad el “mundo-verdad” en el que interactúan, lo desafían, se convierten en profundos inquisidores y en todo ese proceso logran fascinarnos ante la presentación de mundos no explorados.
Al hablar de grandes ilusionistas, desde ya que incluimos a Juan Ordeix, pero también hablamos y pensamos sobre todo a los grandes ilusionistas de las marcas: Jeremy Scott, Karl Lagerfeld, Phoebe Phillo, Miuccia Prada, Steve Jobs, John Lasseter, entre muchos otros. Todos ellos son implacables directores de lo imposible y recorren frecuentemente el otro lado de la frontera del Mundo-Verdad.